poemas contra un ventilador

Horacio Fiebelkorn

Caleta Olivia ediciones

2019

La invención


Quise visitar una casa en la que viví hace años. Como

no recordaba la dirección, le inventé una.

Llegué a la puerta, y no reconocí el umbral, el vidrio

del portón, las ventanas.

Para no quedar desubicado, tuve que crear también

una biografía que me justifique.

A los demás les pasa otro tanto al cruzarse conmigo.

Inventan anécdotas comunes: noches de copas,

caminatas bajo una arboleda.

Nos despedimos amablemente, con la certeza de

haber encontrado la forma correcta de equivocarnos. 
 

La llamada


Aquella noche el amor golpeó a mi puerta. Cuando le abrí, se limitó a decir  «me voy».

«Pero antes cenemos en una terraza. Quiero que me beses, y levantes mi vestido. Quiero un polvo furioso,

un sacudón, quiero morder las sábanas. Después voy a dejarte dormir, porque no pienso saludarte».

Clavos


Con el dolor que le produjo la partida de R. pudo reemplazar el fastidio por el abandono de A.

Y de pasada, quedaron atrás los pelos chamuscados que le dejó S., la culpa que arrastraba por L. y los interrogantes oscuros que sembró V., que lo celaba

con N. y con C.

Limpio ahora, no entiende en qué curva del camino perdió sus iniciales.
 

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