POESÍA SANTAFESINA:

UNIVERSALIDAD SITUADA

Acerca de

Dos luces de frente, de Diego Planisich (Santa Fe: Palabrava, 2019);

magún magún, de Santiago Alassia (ídem);

Antífonas / Amor se fue / Apuntes sobre Proust, de Enrique Butti (ídem).

Diego Suárez

A fines de 2019 la editorial Palabrava, de Santa Fe, lanzó los tres primeros títulos de su nueva colección "Rosa de los vientos", cuyo propósito es explorar el territorio santafesino a través de la palabra de poetas, narradoras y narradores. Según Patricia Severín, directora de la colección, "uno de los postulados es tener en cuenta el contexto, la literatura situada de la cual hablaba Osvaldo Valli". Esto implica soplar sobre las brazas de una larga discusión dentro del campo literario santafesino en torno a la categoría de región. A grandes rasgos, por un lado tendríamos la postura (borgeana) de Juan José Saer, a favor de una "literatura sin atributos", no sometida de antemano a determinaciones ideológicas, estéticas o políticas, tales como la relación forzada entre literatura y región. Por otro -y como parte de la reflexión sobre las tensiones centro-periferia, metrópoli-interior-, la posición de estudiosos como Valli, autor de Literatura: creación situada (1992), que problematiza críticamente los vínculos de los textos con sus contextos. La discusión no está resuelta y por eso mismo esta colección habilitaría un espacio de reflexión al respecto.

El primero de los títulos publicados fue Dos luces de frente, de Diego Planisich (Avellaneda, 1979). Le siguieron magún magún de Santiago Alassia (Rafaela, 1979) y el primer poemario de Enrique Butti (Santa Fe, 1949), que reúne tres series: Antífonas / Amor se fue / Apuntes sobre Proust.

En una entrevista del año 2014, Joyce Carol Oates cuenta que le gusta ir al campo a andar, correr o ir en bicicleta para pensar sobre lo que escribe. "Eso también lo considero escribir", afirma. El reportero se sorprende: "¿Entonces escribe mientras corre?" "Sí, sin duda. Creo que la mayoría de gente que corre piensa en cosas serias. La mente entra en un estado meditativo y de liberación." Cinco años después, lejos, "en medio de todo/ junto a una ruta interprovincial", Planisich propone un poemario en gerundio, que pareciera haberse liberado andando hasta fusionar la figura del poeta con el acto mismo de escritura, en convivencia con la velocidad: "Cuando corrés no escapás:/ solas caen las cosas/ que no pueden alcanzarte". Me muevo; luego, existo. Casi nada dentro del libro escapa a este constante tránsito: topónimos con rotonda, voces autóctonas de pájaros en vuelo, caminos con huellas que nunca sanan.

Frente a esta geografía voluble, tenemos el territorio de la memoria, fundado por una lengua madre y su gramática afectiva. El magún piamontés alude a una especie de angustia asociada originalmente al desarraigo. Las coordenadas nos sitúan en la pampa gringa. Contra la exotización de lo propio, el sujeto lírico de estos poemas viene a romper la matriz piamontesa para descolonizarse en una poética de ritmo narrativo que va de la reconstrucción del pasado ("Si hay algo que no quiero es molestar,/ decía mi abuelo cuando le llegaba el magún,/ y se iba de la casa pedaleando despacio...") a su destrucción ("Con los pedazos de un ropero, la mecedora y sus vestidos/ hice una montaña en el patio de cemento/ (...) y le prendí fuego"), culminando en el anhelo de un presente "para levantar otra casa en el aire". El tono seco de Alassia recuerda lo expresado por Cesare Pavese: "Escribir es arrepentimiento, no satisfacción; actividad antinatural, no desahogo gozoso".

Por último, en medio de este escenario de lectura, aparece un elemento díscolo. El poemario de Butti aporta una novedad al proyecto: su cosmopolitismo. No hay forma de leer en clave regional su poesía, a menos que se la considere paisana del mundo, mejor dicho: de los mundos de la literatura. Estamos frente a un poeta en diálogo con las estrellas: Leopoldo Lugones, Macedonio Fernández, Marcel Proust, Samuel Beckett, Stendhal y muchas más, incontables; algunas titilan a simple vista, otras no. Lo notable es que se trata de un diálogo sin pedantería, cordial, con una sonrisa esbozada, incluso cuando "Caperucita Roja despide los despojos del Lobo Feroz": "Nunca nunca me resignaré/ Madre Lobo/ al Paraíso Perdido de tu vientre/ abuelita y yo/ en tu seno generoso/ (...) La cofia y el camisón de abuelita/ ya no los usabas por astucia/ sino por felicidad/ de encinto".

¿Qué queda de la clave inicial, el vínculo con el contexto? Mucho, pues los tres poemarios muestran distintas formas de universalidad situada, apartada de costumbrismos convencionales: el ser de un lugar en constante devenir (vivir en una ciudad chica es ir y venir de ella), posibilidad que nos ofrece Planisich; el trabajo de descolonización como operación poética, podríamos pensar a partir de Alassia; y la poesía como diapasón cósmico, según Butti. Tres caminos para recorrer una gozosa y diversa región imaginaria.

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