katábasis

Gastón Vázquez

Villa Mora editorial

2020

Gonzalo Simonetti

“Los mil millones de blisters de 
Diazepam,
Todas mis máscaras desparramadas.”

Dice el señalador que lleva la imagen del Ex Libris del Reybufón, la portada o envase del libro recuerda a una caja popular de vino argentino. Todo comienza en la edición artesanal de la editorial Villa Mora de Punta Alta. “Katábasis” del Reybufón, alterego de Gastón Ezequiel Vázquez que también publicó Parresía tomo 1: el camino de la ética (2018, HD ediciones) firmando su parresía con su nombre, ahora habla el alterego en su máxima expresión: el Reybufón vuelve para contar su propia temporada en el infierno.


Como un ensayo poético, escrito en un cinto “Alexander Supertramp”; todas las cicatrices de la vida se tatúan a ese pedazo de cuero viejo. Y es que tanto el horror de ese descenso de idas y vueltas, de ese infierno tan personal como político está a veces al igual que la salvación en las cosas que parecen pequeñas y cotidianas. Hay un punto de quiebre, una elección de soltar el papel glacé y el polvo inca –suena la H, la cerveza en la esquina y los cadáveres de tetrapak amontonados en la calle, restos del nuevo terrorismo de Estado-  La clave está en mantener ese cinto sujetando los pantalones, aunque esté gastado, porque no por eso es menos valioso. En una sociedad del descarte, no tiras a la basura tu vida sólo porque fue dañada. Hay otro camino. El Reybufón escribe su poesía de resiliencia con materia de su propia vida, con sangre. Lleva como amuleto las memorias de quienes siempre estuvieron, los que están y los que quedaron atrás, sin caer en el chetaje y el afán banal de la corrección política. Sentirlo en la sangre, pasarlo por la sangre. Esto es su poesía.


La vuelta al infierno tiene un porqué. Parte de la parresía de Gastón reviene acá, se planta porque para él la poesía es plantarse y gritar su verdad; y si el Reybufón va a ser el Caronte, guía y protagonista del Hades como menciona Oxi Gómez en el prólogo, este barquero de los infiernos mentales y civiles por los que vivimos no sólo viene a mostrar que existe el infierno, sino que es posible encontrar una salida. Buscar la voz. Es un viaje de altibajos, donde emergen el pasado y los ángeles de la muerte y también la memoria de los seres queridos y la poesía como un amuleto, un arma genuina que no anestesia los horrores, sino que los hiere como no se los podría herir con un arma de fuego. Y sana, sobre todo sana.


En el hoy y el ahora que nos azota el encierro que invita a sumergirnos en nuestros propios descensos, Katábasis es un libro que acompaña para repensarse en las horas más oscuras y ascender, tal como la poesía acompañó con sus propias palabras al Reybufón.

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