PREDICCIONES DEL AÑO KITSCH

Gonzalo Zuloaga

Peces de ciudad ediciones

2da. Edición

2019

Valeria Mussio

“Por reivindicar lo femenino, la identidad, y el amor”. El poemario Predicciones del año kitsch de Gonzalo Zuloaga, publicado por la editorial Peces de Ciudad, arranca con estas palabras en el agradecimiento, que van a servir de ejes para articular una poesía que se escapa desde el centro hasta los márgenes, que se levanta del piso, se saca el polvo y se abraza a sí misma. Una poesía sobre destrucción y reconstrucción, el gesto de romper y empezar de nuevo, desde la más genuina sinceridad con unx mismx.

“Lo femenino”: correrse de todo lo que es “hombre”, todo lo que es lo hegemónico, lo patriarcal, todo lo que se espera-que-unx-deba-ser. Lx autorx (porque no hay nada que grite más “patriarcado” que decir “el autor”, a secas) construye una pluralidad de voces disidentes que emergen de un proceso propio de re-invención. Abrimos el libro y el primer poema que nos encontramos se construye con un yo poético que se reconoce como femenino, como una mujer que está tan espléndida como decadente a la misma vez. Este poema nos abre la cancha: la construcción de lo femenino, la pérdida, la revancha, la idea de que no todo es como se muestra, el dolor, y la celebración. Todo esto aparece en los versos que inauguran el libro.

Tensiones similares se encuentran entre las mujeres que, en otro poema, aparecen como formadoras: bellas, fuertes, con desórdenes alimenticios, con problemas con sus padres, mujeres que miman y gritan en la misma medida, mujeres que tienen “una feminidad masculina”. “Yo siempre me sentí parte de ellas”, cierra el poema Gonzalo, y la feminidad que se entreteje en todas las voces con las que escribe, encuentra un origen.

“La identidad”: el nuevo año kitsch parece venir después de una serie de pérdidas, tras un duelo del que lx autorx se está recuperando. Las relaciones que se terminan, les amigues y familiares que mueren o se van, cualquier persona que deja un vacío detrás merece su propio ritual de despedida. Como la torre, en el tarot, cuando todo lo que conocemos se derrumba, pasan dos cosas: nos liberamos de una prisión creativa, y aparece la esperanza, la estrella detrás.

El yo poético en este libro está deviniendo en algo nuevo, algo que intenta entender y aprende a querer. Las cosas a su alrededor cambiaron, “todo se enfachece con el tiempo”, y ya su infancia, su barrio, sus recuerdos, dejaron de ser un refugio en el que se pueda identificar. Conservar el amor que queda de eso en el puño, y seguir: ya no más drama, no más experiencias que lo dejen vacío, no más quedarse en el lugar. Todo lo contrario. Gonzalo hace el gesto de decir “ahora soy esto, y está muy bien, ahora soy feliz y quiero compartirlo”. Rehúsa cualquier definición concreta: no se cristaliza, sus poemas reflejan que él está en constante movimiento.

“El amor”: cuerpos que se encuentran, que se van, y dejan atrás partículas que inundan todo lo que somos. No cancelar a lxs que se van, sino recordarlxs con ternura y seguir. Mientras Gonzalo explora su propia subjetividad, entiende que no puede recrearla solo, sino que todo es mejor de a dos. Hay un interlocutor al que siempre le dice, “mirá, ahora cambié, te extraño y estoy triste, pero en balance, estoy mejor”, así como hay otro al que invita, al que desea, con el que quiere construir y construirse de nuevo.

Pero el amor no es solo amor romántico, no solo es cuestión de pareja: amor hay en todo, hay en la comunidad, y sobre todo en el gesto de deconstruirse. Hay amor en las mujeres que lo rodearon, hay amor en los recuerdos de abrazos en Mar del Plata, y hay amor hacía sí mismo en este gesto de reinventarse. Nada más amoroso que tener el coraje de preguntarse y aceptarse, poder levantarse y seguir.

Los poemas que conforman Predicciones del año kitsch están hechos de esto, y en ningún momento pretenden ser lo que no son. A eso me refiero con absoluta sinceridad: y no es decir la verdad, no es pensar que el autor nos relató, con detalles, todo lo que realmente sucedió en su vida. Es pensar que escribir poesía que pueda interpelar a lxs otrxs, incluso a aquellxs tan diferentes a mí, es algo que se solo se logra si se es fiel a unx mismx, a nuestros deseos, a nuestras intenciones y a lo que queremos hacer.

Siento que Gonzalo en todo momento es fiel a sí mismx, y por eso sus poemas funcionan tan bien. No utiliza en su escritura lenguajes “elevados”, retorcidos y complicados con los que pueda oscurecerse a sí mismo, o expulsarnos de su poesía. Al revés: sus poemas invitan a conocerlx, son rápidos y accesibles, y no por eso dejan de ser profundos, complejos entramados de emociones, sentimientos encontrados, luchas internas y relaciones con lxs otrxs.

Hay libros y poemas que te invitan a disfrutarlos y admirarlos desde lejos como un objeto estético, lo cual es valioso. Pero también hay libros, como este, que te atraviesan, te interpelan, y te otorgan un espacio de reconocimiento. Libros a los que no les interesa ningún tipo de aura, sino que quieren estar cada vez más cerca de quienes los leen o escuchan leer. Libros que construyen un abrigo en un mundo que puede ser hostil, y te permiten habitarlo con ternura, para con vos mismx y para con los demás. Estos últimos son los libros que yo prefiero, y Predicciones del año kitsch de Gonzalo Zuloaga es uno de esos.

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