responde: leo oyola

Un amor que se termina, un motín en "la chanchería", el pabellón de mujeres en una cárcel argentina, la disputa entre tres grupos que buscan el control y un ataque de zombies se conjugan en el inicio de Ultra/tumba, la nueva novela de Leo Oyola.

Tengo entendido que la novela parte de una anécdota real: un dealer, su amante policía, un intento de robo y una separación. ¿Cómo se llega de eso a los zombies? ¿Y a los zombies en un correccional de mujeres?

Quería escribir algo con zombies. Y en esa historia real que sirvió de puntapié inicial para la novela estaba el germen. En como le fueron a reventar la casilla al dealer esos chicos adictos al paco prácticamente había un ataque zombie. Después empecé a ir a unidades penitenciarias por mis libros y el escenario se fue imponiendo. Más lo que íbamos compartiendo de rejas para adentro. Para no repetirme fue que elegí que fuera una cárcel de mujeres y esos zombies paqueros terminaron mutando en zombies religiosos, conectando más con los orígenes de este género literario tan particular y específico.

En una entrevista pasada dijiste algo así como que Kryptonita era una novela para explicar la paternidad a tu hijo. ¿Qué es entonces Ultra/tumba?

 

Una novela sobre separarse, sobre estar enamorado, sobre no bajar los brazos. Sobre equivocarse y pagar un precio muy alto por ello. Sobre equivocarse y arrastrar en tu decisión a más gente. Y sobre cómo, también, es una cárcel la mirada de los demás.

 

Pareciera que la trama de cada uno de tus libro murmura por lo bajo alguna denuncia: en Kryptonita al sistema de salud o al servicio médico nocturno, en Santería se vislumbra el avance de Puerto Madero sobre Puerto Apache, en Ultra/Tumba al sistema carcelario. ¿Es intencional o inevitable?

Así me sale. No es algo que uno haga adrede, de forma planificada, ajedrecística ni mucho menos buscando el escándalo. Jamás. Es más bien como decís vos, como esa canción de Shakira: Inevitable.

Hay una playlist en Spotify que es la que usaste para la escritura de Ultra/tumba. Esa lista es muy variada: arranca con It's a hard life (cuyos versos funcionan como título de cada capítulo) y pasa por Marco Antonio Solís, Celeste Carballo, One Direction, Vicentico, Natalia Oreiro, Justin Bieber y Toto entre otros. ¿Ese clima ecléctico es parte de tu faceta de DJ? ¿Cómo aporta a la mezcla de personajes que se amontonan en “La chanchería”?

De Chamamé en adelante me armo una playlist por novela. Las 30 canciones que me van a acompañar y que no paro de escuchar mientras las escriba. Algunos de esos temas terminan teniendo un rol protagónico y aparecen nombre e intérprete incluso algunos versos de manera explícita y otras a mi me dan climas, sentimientos, sensaciones que quiero poder trasladarles a un personaje o una escena. Incluso a diálogos.

 

Ni bien salió Ultra/Tumba se la vinculó con la realidad carcelaria en la era del Covid-19, pero es un texto que vos comenzaste a escribir en el 2012. ¿A qué creés que se debe esta asociación inmediata?

A que coincidió la publicación de la novela justo con una noticia que se estaba tratando como un tema de agenda mientras también en la información se colaban e imponían fakes news sobre el asunto buscando generar miedo, indignación e ira.

Que en Ultra/Tumba los zombies sean el brazo guerrero del sector evangélico que se disputa el control del pabellón, ¿puede leerse como una metáfora de una realidad que nos resulta cercana en América Latina?

Más que una metáfora es una narración a secas de algo que crece geométricamente y que bien sabe gozar de no estar en boca de todos mientras se convierta en una mayoría que imponga sus valores. De esa alianza con la derecha no sale nada bueno. Espero que hayamos aprendido del pasado, que veamos lo que pasa en Brasil y en otros países y que no subestimemos a este sector.

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Tu libro tiene la particularidad de que, a pesar de que el mismo ya estaba impreso, se lanzó primero en formato digital. ¿Qué rescatás de esa experiencia? ¿Cuál es tu relación como lector con esos soportes?

Lo que rescato es el cariño de las y los lectores que no se aguantaron y lo compraron para leer así. Esas tres semanas fueron muy intensas las devoluciones y el cariño generado por la historia. En cambio mi relación como lector en esos soportes es nula. Ya paso mucho tiempo frente a la computadora o con el celular como para ponerme a leer en ellos. Necesito el formato físico. El objeto libro. Domarlo mientras lo voy leyendo. Acostumbrarme y familiarizarme con la historia y los personajes desde el momento que veo la tapa, el lomo, lo agarro y lo llevo hasta donde sea que vaya a leerlo en mi casa.

¿Cómo es el Leo Oyola escritor?

Un laburante. Orgulloso de su oficio. Y sumamente comprometido con él.

Siempre hablás de lo que fue (o es) Alberto Laiseca como maestro. ¿Lo sentís presente a la hora de escribir? ¿Lo podés “escuchar” comentando aquello sobre lo que estás trabajando?

Lai últimamente ha estado más presente en lo referente a dar talleres y en el respeto al trabajo de uno como escritor. Yo no te hago un textito. Escribo. Y ante los pedidos insistentes con ese dale, ¿qué te cuesta? un párrafo… mi respuesta es: me cuesta. Mientras escribo lo dejo todo. Y no sale así nomás. No sale fácil. Y yo le dedico todo lo que puedo. Y aún no perdí el hambre en esto. Y espero no hacerlo.

¿Dónde aparece lo que te interpela para avanzar en la escritura?

Dónde aparece la dificultad. Ahí donde tengo que tomar decisiones y aprender. También el interpretar a los personajes. Eso y principalmente la historia a contar.

¿Qué influencias podés reconocer en tu trayectoria como escritor?

Todo lo que me gusta en la vida. Eso más las lecturas que me forjaron y lo que leo más los encuentros con colegas que son este momento. Me crié en el Oeste del Gran Buenos Aires. Crecí viendo westerns y series de pistoleros. Mi boliche fue el Jesse James. Ahí y en todas partes sabía ir a bailar con botas tejanas. No lo sabía pero iba a llegar a Cormac McCarthy. A leerlo sí. Pero no a escribir como él. Sí como alguien que lo leyó y que lo adora como a Sam Shepard, a Peckinpah, a Los dos mosqueterosAlias Smith&Jones– y a Johnny Cash como al one hit wonder del papá de Miley Cirus. Y eso solo para empezar.

¿Sigue en pie el proyecto de cuentos con Enrique Iglesias como eje central?

De a poco avanza. Nos llevamos muy bien. Le debo muchas alegrías. A la hora de escribir cuentos me sé tomar mi tiempo. Y Enrique lo sabe y no me apura.